RESEÑA DE LA LLUVIA DE ESTRELLAS Y ECLIPSE PARCIAL DE SOL

RESEÑA DE LA LLUVIA DE ESTRELLAS Y ECLIPSE PARCIAL DE SOL

A continuación se publica una reseña de observación astronómica, cuya autora es Flor Morales Allendes.

Viaje al centro del esplendor

Reseña de la observación astronómica de la caída de meteoros y el eclipse parcial de sol desde rincones de los Llanos Riojanos.

Pocas veces uno/una recibe invitaciones que le cierran por todos lados. De por sí, si te dedicás a alguna rama de la comunicación y que te tengan en cuenta para darle notoriedad a un tema es seguramente algo que se guardará con mucho orgullo en el arcón de las cuestiones importantes, cerca del corazón. Así pasó. Resulta que en el contexto de pandemia  actual hay áreas del Gobierno de la Provincia de La Rioja que buscan incorporar nuevas alternativas para la vida diaria, en el escenario de una nueva normalidad. 

Por eso, en el aspecto turístico, la Secretaría de Turismo pensó en un itinerario que combina naturaleza, historia, cultura y observación astronómica en zonas en donde la ruralidad plantea un escenario inmejorable para la fascinación, dando lugar al llamado astroturismo. Luego de armar este recorrido, pensaron en la astrofotografía como la actividad comunicacional de mayor impacto para invitar y difundir al público los puntos de observación astronómica de la provincia que cuentan con menor contaminación lumínica. Por eso, luego se convocó a fotógrafos y fotógrafas a sumarse al viaje para que capturen la esencia de esta alternativa turística que llegó para quedarse a partir del eclipse total de sol que pudo apreciarse en Julio de 2019 en Mascasín, por su privilegiada ubicación.

A partir de ese hecho que marcó al turismo el año pasado, un abanico de posibilidades se desplegaron y la idea volvió a reaparecer tras la maratón de eventos astronómicos que tienen lugar en este diciembre de 2020, y teniendo en cuenta además que se da en un contexto particular que obliga a resguardarnos de los eventos y excursiones multitudinarias.

El itinerario se desarrolló en Los Llanos Riojanos, precisamente en el departamento Rosario Vera Peñaloza, y más puntualmente en las localidades de Mascasín y Villa Chepes; lugares que esconden historias inéditas, algunas de ellas encontraron resguardo en el Museo de los Caudillos -En Villa Chepes-, que remontan a la época de la lucha por el federalismo, invitando a imaginar las conversaciones entre el Chacho Peñaloza y el terrateniente Apolinario Tello. 

En esa zona, que reúne la aridez de los campos, la fe -a través de la iglesia que guarda la figura de la Inmaculada Concepción, patrona del pueblo-, y parte de la historia del federalismo con la casa de Apolinario Tello, lugar que frecuentaba el Chacho y que aún conserva sus elementos de uso diario como su cama, su silla y sus trajes, no es díficil retrotraerse mentalmente e imaginar el movimiento y la vida social de un pueblo que con el tiempo, y por quedar alejado de la traza ferroviaria, se ganó el calificativo de "Chepes viejo".

Tanto el Museo de los Caudillos (casa de Apolinario), que lleva el nombre del cura Ángel Nardillo, quien, dicen, fue cruelmente castigado y asesinado por el terrateniente sobre un árbol hoy seco, de aspecto tenebroso y con ramas que parecieran escalar retorcidamente en busca del cielo, y la Iglesia lindante que guarda la imagen de la patrona del pueblo, son vestigios de una época que paradójicamente tienen fuerte presencia actual en la localidad, ya que sus historias se siguen compartiendo con los visitantes, quienes quedan sorprendidos al oír los relatos sanguinarios y de fe cristiana que abundan alrededor y al presenciar de cerca elementos que fueron parte de la cotidianeidad de Ángel Vicente Peñaloza.

Con esa introducción histórica de la mano de la Dirección de Turismo del Municipio, comienza el viaje en busca del esplendor.

Lluvia de meteoros

Luego de una tarde de capturar postales en las Salinas de Mascasín, un salar de grandes dimensiones compartido con la provincia de San Juan y que es atravesado por la Ruta Nacional 141, el grupo de fotógrafos y fotógrafas se apostan con sus equipos sobre las vías del tren Belgrano cargas para observar el ocaso del sol y esperar la ansiada lluvia de meteoros. Fenómeno que ocurre anualmente en el mes de diciembre.

Las familias comienzan a llegar y se acomodan con sus pertenencias al pie de las vías, sobre el salar. Llevan mate y abrigo. Son pocas personas, aficionadas seguramente a los espectáculos que brinda cada tanto el escenario espacial. Algunos pocos llevan cámaras, pero no es necesario para apreciar la belleza de este 'show lumínico', es más bien para llevarse un "souvenir". Los niños y las niñas son los más impacientes. Nadie los culpa: La invitación a ver una "lluvia de estrellas" despierta la imaginación y el entusiasmo en cualquiera.

Es domingo. A partir de las 20 horas comienza lentamente a caer la noche sobre las y los observadores. Empiezan a aparecer cada vez más estrellas sobre el cielo. Rápidamente y en un abrir y cerrar de ojos, el firmamento está plagado de pintas blancas y luminosas de distinta intensidad. Los límites se extienden hasta el horizonte. Las galaxias se hacen notar, los planetas también. Algunos de los espectadores dejan que el escenario los envuelva mientras siguen con sus charlas; las y los fotógrafos se compenetran con su cámara y hacen tomas de larga exposición para poder capturar el trayecto completo de los meteoros, mientras tanto imaginan escenas que harán más tarde en donde se pueda observar el cielo en todo su esplendor. Otros hacen fila en el telescopio que dispuso la Secretaría de Turismo, y otros simplemente se dejan capturar por la inmensidad, en posición horizontal y con la vista casi absorbida por las luces mientras balbucean las formas y constelaciones que van encontrando. Son ellos quienes 'se despiertan' con cada meteoro señalando al cielo para alertar rápidamente al resto.

La jornada se extiende hasta la madrugada y el viento, que en principio era una suave caricia se pone cada vez más más furioso, obligando a dejar el lugar por el peligro que representa para los trípodes y para el trabajo en sí que requiere de mucha quietud, oscuridad y silencio. Sin embargo, la noche se disfrutó bastante y el equipo está satisfecho. 

En el viaje de traslado hacia el hospedaje improvisado en la escuelita del pueblo, cada uno va viendo el registro que logró. La primera jornada termina y hay que preparar los equipos para el siguiente día, para el eclipse parcial que tendrá lugar al mediodía.

Eclipse

El grupo, guiado por el director de Producto Pablo Barros, la directora de Planificación Paola Pugliese y el guía turístico Gonzalo González, hace noche en la escuelita N° 138, una institución construída en el año 1980 por donación de la compañía Ford Argentina, en el marco del programa “Educación Para Un Nuevo Mañana”, que la empresa lleva adelante desde la década del '60. Actualmente, 15 niños y niñas de Mascasín se educan allí.

Para el día siguiente, lunes, está programado el eclipse parcial del sol, que tendrá su máximo punto de ocultamiento a las 13 horas. Para la ocasión, el equipo de fotógrafos alista sus filtros para poder apuntar y disparar el fenómeno sin riesgos de ningún tipo y para captar la luminosidad en su punto justo. El traslado en esta oportunidad es hasta Villa Chepes, en donde comenzó el viaje, en la plaza que está rodeada por el Museo de los Caudillos y la iglesia del pueblo.

Allí, los profesionales preparan sus equipos para disparar en sentido casi vertical, a un sol que ya comenzó a esconderse lentamente. A esta altura, el contingente trabaja colectivamente. Se escuchan consejos constantemente; los filtros para opacar la luz del sol son compartidos, hay quienes tienen filtros profesionales y hay quienes los hicieron artesanalmente para la oportunidad. El compañerismo está latente en cada uno y en cada una para que todos pudieran capturar de la mejor manera una postal del eclipse. Sosteniendo, compartiendo y aconsejando.

Pasan los minutos y se empieza a apreciar mejor el ocultamiento solar. Mientras tanto, terrenalmente, los colores se vuelven cálidos, las aves comienzan a buscar refugio y se oye, de quienes observaron el eclipse con los lentes dispuestos por la Secretaría de Turismo, de una sensación ambigua de "eclipsamiento" que les produjo un breve estado de confusión. 

En el final todo es alegría, luego de las preocupaciones lógicas de que las tomas salieran bien, llega el momento de relajarse y emprender regreso luego de dos jornadas de astrofotografía en el interior provincial.